- Perros
- 13 febrero, 2018
La colangiohepatitis en perros es una enfermedad inflamatoria que afecta al hígado y a las vías biliares, los conductos encargados de transportar la bilis. Puede estar relacionada con infecciones bacterianas, problemas en la vesícula biliar, alteraciones digestivas, pancreatitis u otras enfermedades que dificultan el flujo normal de la bilis.
Aunque el nombre puede sonar muy técnico, sus síntomas suelen ser reconocibles: vómitos, apatía, pérdida de apetito, fiebre, dolor abdominal, diarrea o coloración amarillenta en encías, ojos o piel. Esta última señal se conoce como ictericia y siempre debe valorarse con atención.
El problema es que estos signos también pueden aparecer en otras enfermedades digestivas, hepáticas o pancreáticas. Por eso, la colangiohepatitis canina no puede confirmarse solo observando al perro en casa, necesita una valoración veterinaria y pruebas como analítica sanguínea o ecografía abdominal.
En este artículo te explicamos qué es la colangiohepatitis canina, qué diferencia hay con la colangitis, cuáles son sus síntomas, cómo se diagnostica y qué opciones de tratamiento puede valorar el veterinario según cada caso.
¿Qué es la colangiohepatitis en perros?
La colangiohepatitis en perros es una inflamación que afecta a dos zonas muy relacionadas entre sí: las vías biliares y el hígado.
Las vías biliares son los conductos por los que circula la bilis, una sustancia producida por el hígado que ayuda a digerir las grasas y a eliminar determinados residuos del organismo. Cuando estos conductos se inflaman, se infectan o se obstruyen, la bilis no puede circular con normalidad y el hígado puede empezar a verse afectado.
Por eso, la colangiohepatitis no debe entenderse como un simple problema digestivo. Puede formar parte de una enfermedad hepatobiliar más compleja, especialmente si hay infección, alteración de la vesícula biliar, pancreatitis, inflamación intestinal u otros procesos asociados.
En algunos perros aparece de forma aguda, con vómitos, fiebre, dolor abdominal o ictericia. En otros casos puede avanzar de manera más discreta y detectarse a raíz de una analítica alterada, una ecografía abdominal o una revisión veterinaria realizada por otros motivos.
¿Qué diferencia hay entre colangitis y colangiohepatitis?
Aunque a veces se utilizan de forma parecida, colangitis y colangiohepatitis no significan exactamente lo mismo.
La colangitis es la inflamación de las vías biliares, es decir, de los conductos por los que circula la bilis desde el hígado hacia la vesícula biliar y el intestino.
La colangiohepatitis, en cambio, aparece cuando esa inflamación también afecta al tejido hepático cercano. Es decir, no solo están inflamados los conductos biliares, sino que el hígado también participa en el proceso inflamatorio.
Dicho de forma sencilla, en la colangitis el problema se centra en las vías biliares. En cambio en la colangiohepatitis también hay afectación del hígado.
Esta diferencia es importante porque, cuando el hígado está implicado, pueden aparecer alteraciones más evidentes en la analítica, síntomas más intensos o una evolución más delicada según la causa. Aun así, en la práctica veterinaria ambos procesos están muy relacionados y pueden formar parte de una misma enfermedad hepatobiliar.
Por eso, si existe sospecha de colangitis o colangiohepatitis, el objetivo del veterinario será averiguar qué la está provocando, una infección, un problema en la vesícula biliar, una obstrucción, pancreatitis, inflamación intestinal u otra alteración asociada.
¿Por qué aparece la colangiohepatitis en perros?
La colangiohepatitis en perros puede aparecer por diferentes causas. En muchos casos no se debe a un único problema aislado, sino a una combinación de alteraciones que afectan al hígado, la vesícula biliar y los conductos biliares, el intestino o el páncreas.
Una de las causas más habituales es la presencia de una infección bacteriana en las vías biliares. Estas bacterias pueden ascender desde el intestino o llegar a través de la circulación, provocando inflamación en los conductos biliares y, en algunos casos, también en el tejido hepático.
También puede aparecer cuando existe una alteración que dificulta el paso normal de la bilis. Por ejemplo, problemas en la vesícula biliar, bilis demasiado espesa, mucocele vesicular, cálculos biliares u obstrucción parcial de los conductos biliares.
Además, la colangiohepatitis canina puede estar relacionada con otras enfermedades digestivas o pancreáticas, como la pancreatitis o la enfermedad inflamatoria intestinal, ya que el hígado, la vesícula biliar, el páncreas y el intestino están muy conectados entre sí.
Entre las causas o factores asociados más frecuentes se encuentran:
- Infecciones bacterianas.
- Problemas en la vesícula biliar.
- Obstrucción de los conductos biliares.
- Bilis demasiado espesa o alterada.
- Mucocele vesicular.
- Cálculos biliares.
- Pancreatitis.
- Enfermedad inflamatoria intestinal.
- Ingestión de comida en mal estado, basura o alimentos contaminados.
- Alteraciones hepáticas previas.
- Enfermedades que debilitan el sistema inmune.
Dos perros con síntomas parecidos pueden tener causas muy diferentes. Por eso, el tratamiento dependerá de identificar qué está provocando la inflamación y si existe infección, obstrucción biliar, enfermedad de vesícula o algún proceso digestivo asociado.
Síntomas de colangiohepatitis en perros

Los síntomas de la colangiohepatitis en perros pueden variar según la causa, la gravedad de la inflamación y si también existe afectación de la vesícula biliar, el páncreas o el intestino.
En algunos casos, el perro presenta signos digestivos claros. En otros, los síntomas son más generales y pueden confundirse con otras enfermedades hepáticas, digestivas o pancreáticas. Por eso es importante observar la evolución del animal y no quedarse solo con un síntoma aislado.
Los síntomas más frecuentes de colangiohepatitis canina pueden ser:
- Vómitos.
- Pérdida de apetito.
- Apatía o decaimiento.
- Diarrea.
- Fiebre.
- Dolor abdominal.
- Pérdida de peso.
- Debilidad.
- Deshidratación.
- Orina más oscura de lo habitual.
- Heces más claras o de aspecto diferente.
- Coloración amarillenta en encías, ojos, piel o interior de las orejas.
Uno de los signos más importantes a tener en cuenta es la ictericia, que aparece cuando las mucosas o algunas zonas de la piel adquieren un tono amarillento. Puede verse en las encías, en la parte blanca de los ojos, en el interior de las orejas o en zonas con poco pelo.
La ictericia no significa siempre que el perro tenga colangiohepatitis, pero sí puede indicar un problema hepático, biliar o sanguíneo que necesita valoración veterinaria.
Además de los síntomas visibles, en las analíticas pueden aparecer alteraciones como enzimas hepáticas elevadas, bilirrubina alta, cambios en los glóbulos blancos u otros valores compatibles con inflamación, infección o afectación del hígado.
¿Cuándo acudir al veterinario si sospechas de colangiohepatitis?
Si tu perro presenta síntomas compatibles con colangiohepatitis, lo más prudente es no esperar demasiado. Esta enfermedad puede estar relacionada con infecciones, alteraciones hepáticas, problemas en la vesícula biliar u obstrucciones que necesitan diagnóstico y tratamiento veterinario.
Debes pedir valoración si tu perro tiene vómitos repetidos, pérdida de apetito o apatía marcada, fiebre, dolor abdominal, diarrea persistente o cambios en el color de la orina o las heces.
La señal que más debe preocuparte es la ictericia. Si ves las encías, los ojos, la piel o el interior de las orejas con un tono amarillento, conviene contactar con un veterinario cuanto antes. No siempre significa colangiohepatitis, pero sí puede indicar una alteración hepática, biliar o sanguínea que requiere pruebas.
También es recomendable acudir si notas que tu perro está más apagado de lo habitual, come menos durante más de un día, muestra molestias al tocarle el abdomen o empeora en pocas horas.
Aunque algunos signos puedan parecer digestivos al principio, la colangiohepatitis canina no debe tratarse en casa sin diagnóstico. Dar medicación por cuenta propia, cambiar la dieta sin indicación o esperar demasiado puede complicar la evolución si existe una infección, una obstrucción biliar o una enfermedad hepática importante.
En Peludets, en Palma de Mallorca, valoramos cada caso de forma individual para identificar qué está provocando los síntomas y decidir el tratamiento más adecuado. En enfermedades hepatobiliares, actuar a tiempo puede marcar una gran diferencia en la recuperación del animal.
¿Cómo se diagnostica la colangiohepatitis en perros?
El diagnóstico de la colangiohepatitis en perros requiere una valoración veterinaria completa. Los síntomas pueden orientar la sospecha, pero no son suficientes para confirmar la enfermedad, ya que vómitos, diarrea, apatía, pérdida de apetito o dolor abdominal también pueden aparecer en otras patologías digestivas, hepáticas o pancreáticas.
En consulta, el veterinario valorará el estado general del perro: hidratación, temperatura, color de las mucosas, dolor abdominal, frecuencia cardiaca, condición corporal y posibles signos de ictericia. Después, según el caso, puede recomendar diferentes pruebas diagnósticas.

Analítica sanguínea
La analítica sanguínea permite detectar alteraciones compatibles con inflamación, infección o afectación hepática. En perros con colangiohepatitis canina pueden aparecer cambios como:
- Enzimas hepáticas elevadas.
- Bilirrubina alta.
- Alteraciones en los glóbulos blancos.
- Signos de inflamación o infección.
- Cambios en proteínas, glucosa u otros parámetros.
- Alteraciones de coagulación en casos más delicados.
Estos resultados ayudan a orientar el diagnóstico y decidir si es necesario realizar más pruebas.
Ecografía abdominal
La ecografía abdominal es una de las pruebas más útiles cuando se sospecha una enfermedad hepatobiliar. Permite observar el hígado, la vesícula biliar, los conductos biliares, el páncreas y parte del tracto digestivo.
Con esta prueba, el veterinario puede valorar si hay inflamación, bilis espesa o mucocele vesicular, así como descartar signos de obstrucción o alteraciones en órganos relacionados.
Otras pruebas complementarias
Según la evolución y los resultados iniciales, también pueden ser necesarias otras pruebas como radiografías, análisis de orina, pruebas de coagulación, citologías, cultivos bacterianos, toma de muestras de bilis o biopsia hepática.
El cultivo bacteriano puede ayudar a identificar si existe una infección y qué antibiótico puede ser más adecuado. La biopsia hepática, por su parte, permite estudiar el tejido del hígado con más detalle cuando el diagnóstico no está claro, el cuadro se repite o no hay buena respuesta al tratamiento inicial.
Tratamiento de la colangiohepatitis en perros
El tratamiento de la colangiohepatitis en perros depende de la causa y de la gravedad del cuadro y del estado general del animal. No existe un único tratamiento válido para todos los casos, porque la enfermedad puede estar relacionada con infección bacteriana, alteraciones en la vesícula biliar, obstrucción del flujo de bilis, pancreatitis u otros problemas digestivos asociados.
En casos leves o moderados, el tratamiento puede realizarse de forma ambulatoria, con medicación y controles periódicos. En casos más graves, especialmente si hay deshidratación, vómitos persistentes, ictericia marcada, fiebre, dolor abdominal intenso o sospecha de obstrucción biliar, puede ser necesaria la hospitalización.

Tratamiento médico
Según cada caso, el tratamiento médico puede incluir:
- Fluidoterapia para corregir la deshidratación y estabilizar al perro.
- Medicación para controlar vómitos y náuseas.
- Analgesia si existe dolor abdominal.
- Antibióticos si se sospecha o confirma una infección bacteriana.
- Protectores hepáticos o medicación de soporte hepático.
- Tratamiento específico si hay pancreatitis, enfermedad intestinal u otro problema asociado.
- Dieta adaptada al estado digestivo y hepático del perro.
- Controles analíticos para valorar la evolución.
Cuando hay sospecha de infección bacteriana, el veterinario puede pautar antibióticos. Siempre que sea posible, lo ideal es elegirlos en función de un cultivo y antibiograma, ya que así se identifica qué bacteria está implicada y qué medicamento puede ser más eficaz.
También pueden utilizarse medicamentos que ayuden al flujo de la bilis en determinados casos. Sin embargo, no siempre están indicados. Si existe una obstrucción biliar, algunos tratamientos pueden no ser adecuados hasta resolver primero esa obstrucción.
Soporte nutricional
La alimentación puede formar parte del tratamiento, pero debe adaptarse a cada paciente. Algunos perros pueden necesitar una dieta digestiva, baja en grasa o formulada para soporte hepático, dependiendo del origen del problema y de si existen enfermedades asociadas.
No conviene hacer cambios bruscos de dieta sin una adecuada indicación veterinaria, especialmente si el perro tiene vómitos, diarrea, falta de apetito o sospecha de enfermedad hepática.
Seguimiento durante el tratamiento
La evolución de la colangiohepatitis canina debe controlarse con revisiones. Aunque el perro parezca encontrarse mejor, puede ser necesario repetir analíticas para comprobar si las enzimas hepáticas y otros parámetros van mejorando.
También puede recomendarse repetir una ecografía abdominal si había alteraciones en la vesícula biliar, sospecha de obstrucción, mucocele vesicular o cambios importantes en el hígado.
Lo que no debes hacer en casa
Si sospechas que tu perro puede tener colangiohepatitis, evita administrar medicación sin indicación veterinaria. Algunos fármacos, incluidos ciertos antiinflamatorios o medicamentos humanos, pueden ser peligrosos para perros con afectación hepática o digestiva.
Tampoco es recomendable dar antibióticos sobrantes, suplementos hepáticos, protectores digestivos o remedios caseros sin una valoración previa. La colangiohepatitis puede tener causas muy diferentes, y tratarla sin saber el origen puede retrasar el diagnóstico correcto.
¿Cuándo puede necesitar cirugía un perro con colangiohepatitis?
No todos los perros con colangiohepatitis necesitan cirugía. En muchos casos, el tratamiento médico y el seguimiento veterinario son suficientes para controlar la inflamación, tratar la infección si existe y mejorar el estado general del animal.
Sin embargo, puede ser necesario valorar una intervención cuando la colangiohepatitis está relacionada con un problema en la vesícula biliar o con una obstrucción que impide el paso normal de la bilis.
La cirugía puede plantearse en casos como:
- Obstrucción de los conductos biliares.
- Mucocele vesicular.
- Alteraciones graves en la vesícula biliar.
- Sospecha de rotura o necrosis de la vesícula.
- Cálculos biliares que estén provocando complicaciones.
- Falta de respuesta al tratamiento médico.
- Necesidad de obtener biopsias hepáticas.
- Sospecha de una enfermedad abdominal asociada que requiere exploración.
Uno de los motivos más importantes para valorar cirugía es la obstrucción biliar. Si la bilis no puede circular correctamente, puede acumularse y provocar ictericia, inflamación, dolor y empeoramiento del estado general del perro. En estos casos, el tratamiento médico por sí solo puede no ser suficiente.
También puede ser necesaria una intervención si existe un mucocele vesicular, una alteración en la que la bilis se vuelve muy espesa y puede comprometer el funcionamiento de la vesícula biliar.
En otros casos, la cirugía puede tener un objetivo diagnóstico. Por ejemplo, si el perro tiene un cuadro crónico, recaídas frecuentes o pruebas que no permiten confirmar bien la causa, el veterinario puede valorar la toma de muestras del hígado o de la bilis para realizar estudios más precisos.
La decisión de operar depende del estado del perro, de la analítica, de la ecografía, de la evolución clínica y de si existe una alteración concreta que pueda resolverse o estudiarse mediante cirugía.
Cuidados en casa y seguimiento de un perro con colangiohepatitis
Los cuidados en casa son importantes durante la recuperación de un perro con colangiohepatitis, pero siempre deben seguir las indicaciones del veterinario. La medicación, la alimentación y las revisiones pueden variar mucho según la causa del problema y el estado del animal.
Una vez iniciado el tratamiento, el objetivo en casa es vigilar la evolución del perro para intentar detectar a tiempo cualquier empeoramiento.
Es importante respetar la medicación pautada en su totalidad; no conviene suspenderla antes de tiempo aunque el perro parezca encontrarse mejor.
Durante la recuperación, observa especialmente:
- Si vuelve a vomitar.
- Si rechaza la comida.
- Si aparece diarrea.
- Si está más apagado.
- Si bebe u orina más de lo normal.
- Si muestra dolor abdominal.
- Si las mucosas siguen amarillentas.
- Si pierde peso.
- Si empeora después de haber mejorado.
La alimentación también puede formar parte del tratamiento. Algunos perros pueden necesitar una dieta digestiva, baja en grasa o formulada para soporte hepático, pero no debe cambiarse la comida ni añadirse suplementos sin indicación veterinaria. También conviene evitar premios grasos, sobras, huesos o dietas crudas o alimentos difíciles de digerir mientras el perro se recupera.
Durante los primeros días, puede ser recomendable ofrecer un ambiente tranquilo y evitar ejercicio intenso y adaptar los paseos al estado del perro. Si está decaído, débil o acaba de pasar por un cuadro importante, es mejor hacer salidas cortas y controladas hasta que el veterinario indique lo contrario.
El seguimiento veterinario es fundamental. Aunque el perro parezca recuperado, puede ser necesario repetir analíticas para comprobar que las enzimas hepáticas evolucionan de forma correcta. En algunos casos también puede recomendarse una nueva ecografía abdominal, sobre todo si había alteraciones en la vesícula biliar, sospecha de mucocele vesicular, inflamación marcada o cambios en los conductos biliares.
En muchas enfermedades hepáticas, el estado externo del perro puede mejorar antes que los valores internos. Por eso, la recuperación no debe valorarse solo por el ánimo o el apetito, sino también por la evolución clínica, las analíticas y las pruebas de imagen cuando sean necesarias.
En Peludets, en Palma de Mallorca, podemos valorar el estado de tu perro, realizar las pruebas necesarias y orientarte sobre el tratamiento y seguimiento más adecuado según su caso.
CONTENIDO REVISADO POR EL EQUIPO VETERINARIO DE PELUDETS
Artículo actualizado en mayo de 2026. Revisado por el equipo veterinario de Clínica Veterinaria Peludets, en Palma de Mallorca. Este contenido es informativo y no sustituye una consulta veterinaria, especialmente si tu perro presenta vómitos persistentes, fiebre, dolor abdominal o mucosas amarillentas.